jueves, 10 de diciembre de 2015

Volvamos a la esencia

¿De qué te sirve el poder si no es para servir?
¿De qué te sirve una eternidad de distracciones si te ahogas en un instante de silencio?
¿De qué te sirve farfullar excusas de perfección, si quien te ama de verdad quiere abrazar tus sombras?
¿De qué te sirve perseguir el éxito si en el camino te dejas el corazón, los valores o la alegría?
¿De qué te sirve ganarlo todo si en el camino te pierdes a ti mismo?
¿De qué te sirve rodearte de gente si luego no eres capaz de quedarte solo?


¿Y si lo esencial es visible a los ojos?
¿Y si una sola mirada pudiera cambiarlo todo?
¿Y si tuviéramos que reaprender a mirar?
¿Y si estás llamado a hacer cosas grandes?
¿Y si la vida se ganara en los pequeños detalles?
¿Y si todos los días diéramos las gracias nada más levantarnos?
¿Y si todos los días tuviéramos la oportunidad de empezar de nuevo?
¿Y si en vez de cuidarte tanto por fuera te cuidaras un poco más por dentro?
¿Y si el amor verdadero fuera para toda la vida?
¿Y si en lugar de lo bueno alguien te ha creado para lo mejor?
¿Y si hubiera que volver a las raíces?
¿Y si piensas menos en ti?
¿Y si te das un poco más?


¿Y si lo especial eres tú, y yo, tan vuelta sobre mí misma no me entero?
¿Y si lo especial es tener a alguien que te cuida desde arriba?
¿Y si lo especial fuese aprender a bailar con los problemas?
¿Y si lo especial fuera la profundidad de las lágrimas y la verdad de las risas?
¿Y si lo especial fuese una manera nueva de mirar a las personas de siempre?
¿Y si lo especial fuese encontrar las palabras pendientes, esas que llevan demasiado tiempo esperando ser dichas?



¿Y si volvemos a la esencia de todo?





¿Y si un ciego estuviera viendo la vida más que tú?






Por si acaso no vuelvo a pasar por aquí hasta dentro de mucho, querido lector, quiero que sea esto lo primero que leas al entrar en mi blog. El resto, es totalmente secundario.


Miss Thatcher

domingo, 2 de noviembre de 2014

Hoy me duele España

No sé muy bien qué me pasa, debe ser que estoy nostálgica o simplemente un poco harta de todo. Hoy me duele España. Me duele porque veo cómo día tras día un atajo de sinvergüenzas están decididos a cargársela sin ningún tipo de pudor, me duele porque hay gente que lo está pasando francamente mal, me duele porque la época de crisis que estamos viviendo parece no tener fin y porque estamos perdiendo los valores que tantos siglos nos ha costado inculcar. Me duele porque nuestros representantes un buen día dejaron de velar por el bien común y ahora estamos asistiendo al principio del fin del sistema tal y como lo conocemos. También diré, que esto último no me parece del todo mal, teniendo en cuenta como están las cosas. Pero lo cierto es que me duele, y mucho, ver todo lo que está pasando. A fin de cuentas, por mucha época de vacas flacas que estemos padeciendo, me duele porque España es mi hogar.

Séneca dijo una vez aquello de que nadie ama a su patria por ser grande, sino por ser suya. Y lo cierto es que el buen hombre no podía tener más razón. Siempre he pensado que no tiene ninguna gracia la gente que sólo se siente orgullosa de su país por los logros que cosecha. Después de todo, si has nacido en la primera potencia de mundo, no es nada difícil sentirte orgulloso de pertenecer a ella. Simplemente no tendría ningún mérito. Pero tampoco creo que lo tenga el que se sienta así sin ningún motivo, bueno sí, el único motivo evidente es que es el sitio donde has nacido. Punto. Es como el amor que siente un niño por su madre. Cuando éramos enanos, todos pensábamos que la nuestra era la mejor madre del mundo, el caso es que nos daba igual que no fuera perfecta porque para nosotros sí que lo era. Salvando las distancias, creo que el sentimiento de amor a tu país debería ser algo igual de natural. Lo antinatural de hecho es justo lo contrario, que sin tener ningún motivo de peso directamente decidas odiar a tu país o a todo lo que representa. Cuidado, son cosas distintas. Pero no he venido a discutir lo más o menos patriotas que deberían ser las personas. Cada cual que piense y haga lo que quiera, que para algo somos libres, sólo faltaba. Lo que sí es importante y sí me preocupa y sí quiero decir hoy aquí, es que todos tenemos una responsabilidad para con la sociedad y en general, el mundo que nos rodea. Al menos si nos tomamos un poco en serio la cosa, y evitamos esa tendencia egoísta que tiene el ser humano de encerrarse en uno mismo y no mirar más allá de su propio ombligo. Dicho esto, evidentemente y por cuestiones prácticas, nuestro radio de actuación es al fin y al cabo el sitio donde nacemos. Parece pues, bastante normal y razonable que uno se preocupe por las cosas que ocurren a su alrededor. A fin de cuentas, el mayor castigo para quienes no se interesan por la política, es que serán gobernados por quienes sí se interesan.

Las personas luchamos por las cosas que queremos. Sufrimos por aquellos que nos importan. Y es precisamente ese sentimiento el que nos hace levantarnos ante las injusticias o ante lo que no nos gusta. Qué habría sido de nosotros si a lo largo de la Historia no hubieran existido valientes que quisieron hacer de este mundo un lugar mejor. Quisieron mejorarlo porque lo querían, nadie da su vida por algo que no le gusta o en lo que no cree. Por eso creo sinceramente, que aparte de ser anormal, es incluso dañino el no sentir ninguna clase de apego por el lugar en el que se nace. ¿Qué tipo de motivación puede tener un político para sacar adelante a un país en el que ni siquiera cree? ¿Cómo va a dirigir una nación alguien que siente indiferencia total hacia los símbolos que a esta representan? Digo indiferencia siendo generosa, pues sabemos de sobra que a algunos de nuestros políticos les entran incluso arcadas cuando ven ondear una bandera española. Es triste pero no por ello menos cierto. Luego sacarán la tricolor. Y así, al no existir un sentimiento único y fuerte que sirva de unión al conjunto de la sociedad dentro de un país, ocurre que cada uno vela por sus propios intereses partidistas y personales, antes que por el bien común. Con todo esto, no debería extrañarnos nada el panorama político desolador que se nos presenta de aquí a los próximos años. Echemos un vistazo a lo que ocurre cuando pasa todo esto.

Las últimas encuestas reflejan lo inevitable y es que para echarle más leña al fuego, Podemos se sitúa como primera fuerza política en intención de voto, por delante de los más que consolidados PP y PSOE. Esto último no me desagrada, más bien todo lo contrario. Me gusta que la sociedad se dé cuenta de que las cosas tienen que cambiar y como saben, para poder cambiar hay que dejar de hacer siempre lo mismo, votar a los mismos, dejar que sigan robando los mismos. Estaría bien lo de dejar de robar en general, pero eso de momento es demasiado pedir según parece. Bueno, a pesar de todo conviene no resignarse. El problema que tenemos, es que la alternativa que se nos ofrece no resulta nada tentadora. A mí la palabra populismo, llámenme rarita, pero me evoca a las repúblicas bananeras que encubren algunos de los estados más autoritarios del mundo. Populismo barato vaya, que se vende bien, suena mejor y promete el oro y el moro, pero que cuando llega al poder empobrece el país para las próximas dos generaciones, eso si consigues echarlos a tiempo.

Con este panorama, no queda más remedio que todo aquel que se considere español de bien se pregunte a quién debe votar. ¿Y saben qué es lo más gracioso de todo? Que en un arrebato de responsabilidad nacional, aquel español de bien que no quiere ver a España sumida en la más absoluta miseria de un país comunista, piensa que para poder salvar a la nación de ese resultado infame, debe votar, a su mucho pesar, de nuevo, al PP. El partido primordialmente culpable de la situación en la que nos encontramos y de la que es prácticamente imposible salir. Amén del apoyo gratamente prestado por el PSOE. Sí, a ese mismo. No, en verdad no tiene ni pizca de gracia. Cuánto apostamos a que más de uno irá a votar exclusivamente por esa razón.

Reconozco que tengo ganas de ir a votar con convicción. Tengo muchas ganas de ver en un político decente la ilusión de sacar adelante a nuestro país, de utilizar como recurso las cosas que nos unen antes que las diferencias que nos separan; de ver personas en lugar de ciudadanos, o lo que es peor, meros contribuyentes. Creo fervientemente que España necesita más que nunca un Pacto de Estado, pero dicha misión, es imposible de llevar a cabo hasta que no aparezcan nuevos líderes políticos con algo de sentido nacional y lo que es más importante, algo de sentido común. Mientras tanto, nuestro país seguirá siendo caldo de cultivo de la aparición de nuevas formaciones políticas con sus milagrosas fórmulas estrella para salvar España, eso sí, sin mencionarla, no vaya a ser que les tachen de fachas. Yo por mi parte prometo que jamás votaré a un político que no sienta orgullo de ser español. ¿Qué garantía puede ofrecerme alguien que ni siquiera quiere o respeta su propia nación?

En momentos como este, me gusta recordar esa frase que Otto Von Bismarck dijo en su día;  la nación más fuerte del mundo, es sin duda España. Siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo. Ojalá algún día no muy lejano, podamos volver a ser lo que fuimos. Pero para eso nos lo tenemos que creer antes nosotros. En nuestras manos está.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

En busca y captura

La historia se repite. Esta vez, con un marco diferente. Ya no estamos en los años 40 de la Alemania nazi, ni en los 50 de la época del apartheid en los Estados Unidos. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora estamos en el siglo XXI, y todos los que hemos nacido en las últimas décadas hemos tenido la suerte de ser hijos de una nueva era. Una época llena de avance y  de progreso. En los últimos años se han escrito algunas de las páginas más importantes de la Historia de la humanidad.

Han sido siglos de lucha lo que nos ha permitido llegar al punto en el que nos encontramos hoy, gracias a muchas personas que dieron su vida por defender sus principios hemos conseguido ser ciudadanos libres. En realidad siempre lo fuimos, y al mismo tiempo nunca lo acabamos de ser. Siempre lo fuimos porque el ser humano ha de ser libre por naturaleza. Nunca lo hemos llegado a ser porque son demasiados los condicionantes que tenemos a nuestro alrededor. ¿Vivimos en un mundo realmente libre? Permítanme que diga, no lo tengo yo tan claro. Vamos a partir de la base de que sí, somos hombres libres. Más que nada por no discutir. Lo último que pretendo en estos momentos, y espero que ustedes comprendan, es ponerme a divagar sobre el concepto de libertad. Hoy vengo a hablar de algo mucho más importante, si cabe, que de libertad, hoy vengo a hablar de personas. Sí, han leído bien, personas. Con nombres y apellidos. Personas como tú y como yo que tal vez no han tenido la suerte de nacer en el mismo sitio que nosotros, y a consecuencia de ello, tan sólo por ese pequeño e insignificante detalle, están siendo perseguidas por sus ideas y creencias. Personas que están siendo asesinadas por su fe.

Supongo que se acordarán, hace ya algunos meses atrás, del caso de la pakistaní Asia Bibi. La mujer que había sido condenada a la horca en su país de origen por el mero hecho de ser cristiana y negarse a convertirse al Islam. Durante varias semanas, la noticia dio la vuelta al mundo y fueron muchas las organizaciones internacionales que se movilizaron para conseguir la actuación diplomática necesaria que lograra evitar semejante injusticia. Todavía hoy, cuatro años después, sigue entre rejas, a la espera de que se ejecute su condena. No hemos vuelto a saber nada de ella. Recordarán también, a poco que lean algo de lo que de vez en cuando menciona de pasada la prensa internacional, la matanza de septiembre del año pasado en Nigeria, a manos de un grupo musulmán radical. Acabaron con la vida de 142 personas. ¿Cuál fue su delito? Ser cristianos. Tan simple como eso. Con ese mismo criterio, podrían matarme a mí también. Pero yo he tenido la gran suerte de nacer muy lejos de donde se están produciendo todas esas atrocidades y salvajadas. Algo tan normal como es acercarse a hacer una visita a cualquier iglesia o capilla, puede costarle la vida a los miles de cristianos que, a lo largo y ancho del mundo, viven en países donde son estigmatizados por tratarse de una minoría en sus lugares de origen.



Mientras leía algunas de las noticias sobre el tema, no podía evitar acordarme de la barbarie del holocausto nazi, donde pasó exactamente lo mismo que está ocurriendo ahora, los judíos murieron por el mero hecho de ser judíos. Hoy, cuando echamos la vista atrás al último siglo de nuestra Historia, nos mostramos horrorizados ante lo que ocurrió. Todos condenamos los atentados de Hitler sin darnos cuenta de que la misma historia se está repitiendo, quizá de forma más discreta y soslayada. Puede que nosotros no lo estemos viviendo en nuestras propias carnes, que nos parezca algo puntual a lo que no hay que darle mayor importancia. No es así. El hecho es el mismo; todos los días, están muriendo cristianos porque se niegan a renunciar a sus creencias. Igual que les pasó a los judíos.

Mientras tanto, nosotros, los ciudadanos libres del primer mundo nos rasgamos las vestiduras hablando de derechos, libertad, dignidad del hombre, mientras observamos impasibles la cruenta forma en que exterminan a nuestros hermanos en otras zonas del mundo. Y es ahora cuando me pregunto, ¿hasta qué punto puede serme indiferente lo que está ocurriendo ahí fuera? Si te consideras cristiano, con mayor motivo; pero déjame decirte también, que esto no es una cuestión de creencias, ni siquiera se trata de una cuestión de solidaridad. Es más que eso. Es una cuestión de principios y valores, en definitiva, es una cuestión de humanidad. Y claro que tiene que ver contigo. Conmigo también, por supuesto. No, en ningún caso puede sernos indiferente, el sufrimiento del mundo nunca puede serlo.

Pero la pregunta más difícil no es esa, ahora toca pensar, ¿qué puedo hacer yo para cambiar lo que está sucediendo en el mundo? Si la pregunta ya tenía su aquél, más complicado resulta responder a ella. Estamos viendo cómo las autoridades internacionales observan lo que sucede en el mundo mientras permanecen sentados, sin mover apenas un dedo para evitar que tragedias como esta se repitan; cómo los gobiernos se desentienden de todo lo que pasa más allá de sus fronteras sin importarles lo más mínimo las aberraciones que puedan sucederse en países donde violan constantemente los derechos humanos. Cómo las propias Naciones Unidas tampoco acaban de tomar cartas en el asunto determinando un plan de actuación que pueda, mediante vías pacíficas como es evidente, asegurar la vida de las personas para que, al menos, puedan vivir libremente siguiendo firmes en sus convicciones y creencias. Las cifras son realmente escalofriantes: 10.000 cristianos asesinados al año en diferentes regiones del mundo, según el último informe de la Fundación FAES sobre la persecución de los cristianos en el siglo XXI. Con estos datos, ¿podemos permitirnos quedarnos de brazos cruzados? La respuesta es bastante clara. Debemos hacer lo posible por instar a que nuestros respectivos gobiernos decidan tomar parte en el asunto y aúnen fuerzas entre sí para frenar el exterminio al que están siendo sometidas miles de personas inocentes. Lo mínimo que podemos hacer es difundir toda esta información, que se sepa lo que está pasando ahí fuera, que se sepa que no sólo no están haciendo nada para evitarlo sino que además, muchas veces ni siquiera nos llega toda la información de lo que sucede. Que se sepa que si estas cosas no son noticia es porque igual no interesa tanto que lo sea.

El pasado 2010, el juez musulmán que condenó a Asia Bibi le ofreció la oportunidad de ser liberada siempre y cuando se convirtiera al islam. Ella respondió: “Prefiero morir como cristiana antes que salir de prisión siendo musulmana.” Ojalá yo fuera tan valiente como ella, ojalá yo fuera tan valiente como todas las personas que han dado su vida por Aquel en quien creían, ojalá yo tuviera una mínima parte de la fe que están teniendo todos estos mártires del siglo XXI. 

Tal vez a nosotros no se nos pida tanto como a ellos. Puede que nuestra única misión consista en no hacer oídos sordos y mirar para otro lado. Puede que desde donde estemos, nosotros también podamos frenar esto. Al menos, poner algo de nuestra parte. Desde aquí todo mi apoyo a los valientes que prefirieron morir antes que renunciar a Jesucristo.

Esta vez, va por ellos.


Miss Thatcher



PD: Tú también puedes contribuir con tu granito de arena a la liberación de Asia Bibi, pincha en el link para firmar la petición de indulto:


Aquí tenéis el informe de FAES que ha hecho Javier Rupérez, miembro de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas:






jueves, 25 de abril de 2013

Hopeful

Esta mañana me he levantado con actitud positiva. Más de lo normal, no sé muy bien porqué pero así ha sido. Creo que es la forma más productiva que tiene uno de empezar el día, porque como te levantes con el pie izquierdo, apaga y vámonos. En fin, entre tanto me ha dado por meterme en internet y de repente me encuentro con lo siguiente: "tal día como hoy en 2006 el PSOE pide derechos humanos para los monos". Pueden imaginarse mi cara con algo tan aparentemente absurdo. Sin duda se trata de la noticia más simpática de todo el día, porque las demás sólo nos recuerda lo que ya sabemos más que sobra y estamos hartos de escuchar. Casi un tercio de la población activa en España está en paro. Los datos del desempleo son realmente dramáticos, nos estamos superando a nosotros mismos con más de un 57% de paro juvenil. Fíjense, que por primera vez somos pioneros en algo, pioneros en paro, olé. Luego te ponen el vídeo de un diputado gallego que se encara y pega un puñetazo al escaño de su presidente en pleno parlamento, aunque cualquiera diría que se trata de un circo romano y parece mentira que a ese personaje le hayan votado personas con cierto sentido de la responsabilidad. Y ya para colmo de males, el desastre de la Champions League. Lo comento al final pero no por ello menos importante, más bien todo lo contrario. Los españoles podemos pasar que nuestro país se hunda económicamente hablando, que el sistema democrático se esté poniendo en duda a raíz de los últimos acontecimientos políticos; también podemos consentir que se acose a  nuestros representantes en las puertas de sus casas y que haya una parte de nuestro país que quiera separarse de nosotros. Todo eso, pase. Podemos consentir eso y mucho más. Ahora eso sí, cuidado, que no me toquen el fútbol que eso es sagrado. Tiene triste gracia que además hayamos caído con dos equipos alemanes, ¿será que Merkel nos ha echado un mal de ojo o algo así? ¿Nos habrá mirado un tuerto? Caprichos del destino, qué le vamos a hacer, también es mala suerte.

Seguro que alguno se está preguntando, ¿a qué narices quiere llegar esta con la cantidad de tontadas que está diciendo? No os preocupéis, que os lo explico en un momento. La situación, dramática y bucólica a la par, da mucho que pensar. Como os decía al principio, ahora entendéis porqué la noticia de los derechos humanos para los monos me había hecho gracia, desde luego era la más original. El caso es que cuando acto seguido me he acordado de las últimas perlitas de Elena Valenciano sobre el aborto, he pensado, pues vaya, resulta que tiene todo el sentido del mundo pedir derechos humanos para los monos y obviar por completo que el aborto no deja de ser un atentado en toda regla contra una vida humana. Parece ser que sí, desde luego tiene todo el sentido del mundo. "Ningún ministro, ni ningún obispo es quién para decirle a las mujeres qué hacer con su cuerpo o con su maternidad". ¿Se dan cuenta de lo absurdo de semejante incoherencia? Mire señora Valenciano, me encanta que sea una férrea defensora de los derechos de las mujeres, como lo soy yo también y muchas de las mujeres que estamos totalmente en contra del aborto. Parece que se les olvida que en semejante barbarie no está únicamente de por medio el interés de la madre sino una vida nueva e independiente que no le pertenece. ¿A que de eso no habla nada? Por supuesto que no, porque sabe que tenemos razón y que si va por ese camino no puede defender lo indefendible. Menos demagogia barata por favor, que estoy harta de escuchar que los que están en contra del aborto lo hacen siguiendo directrices de obispos y cardenales. No señora no, no mienta, usted escucha lo que quiere escuchar y eso se llama falsear la verdad. No pienso consentírselo, ni a usted, ni a cualquier persona que justifique el aborto con su mismo argumento. 

¿Entienden por qué les decía que el mundo se ha vuelto loco? Piden derechos humanos para los monos (cosa que está frustrada ya desde el propio planteamiento de la cuestión, ya que un animal no es comparable con un ser humano, para quienes están pensados estos derechos) y luego son incapaces de defender lo más mínimo la vida del ser humano más indefenso e inocente de todos. Yo a eso sólo puedo llamarle hipocresía. Hipócritas y cobardes, también aquellos como Gallardón, que por que no se le echen encima no es capaz de hablar claro y decir la verdad sin titubeos. A mí las medias tintas no me valen señor ministro, o está conmigo o está contra mí, o está a favor de defender la vida o a favor de arremeter contra ella de forma egoísta y sin justificación (bueno sí, los derechos de la mujer que me tienen frita). Déjenme que les diga una cosa, en cosas como esta es donde se mide de verdad el grado de civilización que tienen unos países u otros y nosotros, como tantos muchos países que dicen llamarse del primer mundo, estamos a la cola. Que alguien me diga cómo podemos progresar si estamos atentando contra lo más valioso que tenemos que es la vida. Pero para eso necesitamos gente valiente, gente que no esté dispuesta a vender lo que es o los principios que tiene por sentarse en Congreso.

La mayoría de las noticias de esta mañana hablaban de la crisis económica y del paro. Ojalá sólo fuera eso. Más tarde o más temprano (esperemos que sea lo segundo) acabaremos saliendo, no sé muy bien en qué condiciones, de esta bochornosa situación financiera. Sin embargo, la crisis que más me preocupa no es ésta, pues mientras tanto, se nos está colando la peor crisis de todas, la de los valores. La economía viene y va, pero los valores humanos, que tantos siglos nos ha costado cosechar, no son cosa fácil de recuperar. Algún día miraremos atrás como hacemos ahora cuando hablamos del genocidio nazi, y no tendremos más que llevarnos las manos a la cabeza cuando veamos la semejante barbaridad que hicimos con tantos no nacidos a los que prohibimos vivir. Ojalá ese día llegue pronto.

Hasta entonces todo seguirá igual, nosotros seguiremos emocionándonos con algo tan simple como son los partidos de fútbol, cosa que no es incompatible ni mucho menos, -conste que a mí también me gusta el fútbol-, mientras nos quedamos en casa viendo las noticias y no salimos a manifestarnos un día porque nos da pereza. Suma y sigue. Para qué engañarnos, es lo más cómodo. Lo genial sería una combinación de las dos cosas. Igual que está estupendo defender los derechos de los animales (ya de paso menciono a los antitaurinos) siempre y cuando defendamos también a capa y espada los de los niños no nacidos, que digo yo que es más importante. Vamos no sé, igual soy yo la única que piensa estas cosas. Para echarle más leña al fuego, muchos han decidido que hoy hace un buen día para asediar el Congreso. Mucha suerte. Así difícilmente cambiaremos las cosas sino todo lo contrario. Flaco favor nos hacen a todos.

En fin, de momento he dicho todo lo que tenía que decir. Al menos yo me siento bien de no tener miedo de decir lo que pienso bien alto, cosa que animo fervientemente a todo el mundo que haga, sea cual sea su modo de pensar. Yo seguiré con mi actitud positiva, porque sé que las cosas pueden cambiar si realmente nos las proponemos y trabajamos duro para ello. Porque sé que la verdad siempre triunfará, aunque haya muchos que no quieran entenderlo. El futuro es para la gente valiente, para gente que no tenga miedo a coger el toro por los cuernos, el futuro es para los fuertes. Un mundo mejor es posible, de eso no me cabe la menor duda. Consigámoslo entre todos. El primer paso es este.






Y recuerden, la esperanza es lo último que se pierde. Incluso para la remontada... 



Miss Thatcher



lunes, 8 de abril de 2013

Hasta siempre, Margaret



Si hay algo que siempre me gustó de esta mujer fue la convicción con la que defendió sus principios a lo largo de toda su carrera política. (Tal vez fuera eso lo que me hizo decantarme por el título de este blog.) Ni siquiera le llegó a importar ni un ápice lo que pensaran los demás, fueran o no de su partido; ella tenía claro lo que quería y sabía que podía conseguirlo. Es lo que pasa cuando se trabaja duro para conseguir lo que quieres, imagínense cuando se trata de sacar adelante un país. 

El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va. En este caso era una mujer. Parecía imposible, pero no lo era, y ella luchó hasta el final. Fue la primera mujer que se sentó en el Parlamento británico y no contenta con eso llegó a ser Primera Ministra durante más de una década. Mientras unos la adoraban otros no podían verla ni en pintura, pero eso a ella le daba igual porque siempre fue fiel a sus ideales. No era la clase de persona que trata de agradar a todo el mundo y eso hay que reconocer que en política siempre es de agradecer. 

Carisma, firmeza, liderazgo, valentía, elegancia y sobre todo, mucho carácter. Nos podrán gustar más o menos las ideas que representaba Margaret Thatcher, pero lo que nadie podrá echarle en cara jamás es el haber dedicado su vida a luchar por aquello en lo que creía. Ojalá lleguen muchos más como tú. Hasta siempre, Margaret.



Miss Thatcher



miércoles, 27 de marzo de 2013

Escrache

Qué importantes son las formas a la hora de expresarse. Puede parecer algo injusto, pero ya puede ser estupendo lo que estás diciendo, que si pierdes las formas a la hora de decirlo no tienes nada que hacer. Eso mismo le está ocurriendo estos días a la señora Ada Colau y a todos los seguidores de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Lo que en un principio parecía una causa de lo más loable y justificada, ha pasado a convertirse en un grupo extremista que se ha dedicado en los últimos días a acosar vilmente a políticos a las puertas de sus respectivas casas. No pienso entrar a valorar la mayor o menor culpa que pueden tener estas personas en el problema de los desahucios, al menos no por el momento. Lo que sí me gustaría comentar es lo que apuntaba al principio, cómo todo el trabajo que la PAH está haciendo en pro de las miles de familias que se han quedado en la calle, se está viendo completamente desvirtuado dados los últimos acontecimientos. No es de recibo, y en ningún caso puede ser justificable, que se presione a nadie a las puertas de su propia casa y se le coaccione para que vote o deje de votar una cosa u otra. Así no son las cosas. Primero porque nadie tiene derecho a vulnerar la vida privada de nadie, ni siquiera a costa de una buena causa; y segundo porque tampoco podemos exigir a nuestros políticos conductas encomiables mientras les gritamos e insultamos a pie de calle. Es una completa contradicción y lo único que se consigue con este tipo de acciones ciudadanas es perder toda razón y credibilidad. Sin embargo es curioso cómo cada vez más gente piensa que por  gritar más, van a tener más razón y no se dan cuenta que es todo lo contrario.

La PAH presume de haber reunido más de un millón y medio de firmas para poner en marcha la Iniciativa Legislativa Popular que regule y legisle de nuevo el sistema de los desahucios, que tantos dramas está ocasionando en plena crisis. Pero me gustaría saber cuántas de esas personas que firmaron, probablemente con su mejor intención semejante manifiesto, respaldarían las últimas actuaciones de esta plataforma. No sólo está perdiendo fuerza la bondad de su mensaje, sino que además están jugando con las firmas de toda esa gente que, desde luego, dudo mucho que comulguen con ello. Sinceramente, creo que se les está yendo de las manos. Además de esto, cabe reflexionar hasta qué punto se trata de una plataforma independiente, apartada de cualquier tinte político, cuyo único fin no es otro que el de ayudar a la población que peor lo está pasando con el drama actual. El sistema hipotecario no es algo que venga de ahora, ni siquiera el problema de los desahucios, ya en la anterior legislatura socialista del señor Rodríguez Zapatero se producían cotas de desahucios incluso más elevadas que las de ahora. Mira tú por dónde, nadie va a reclamar nada a los anteriores responsables. Lo mejor de todo es que pretenderán que nos creamos que no tiene nada que ver con ideologías o posturas políticas. Lo siento, pero se les ve el plumero, no cuela. Evidentemente es injustificable cualquier tipo de acoso, coacción, amenaza o amedrantamiento, más si cabe en la esfera privada, ante cualquier persona, ya sea político o no, pero puestos a tomarnos la justicia por nuestra mano, y ya que quieren ejercer presión y según ellos, incomodar a los culpables de la situación que padecemos, que vayan a por todos. Seamos justos, aquí todos son culpables en mayor o en menor medida. Primero porque todos han contribuído a llegar al punto crítico en el que nos encontramos. Bien por hacer o por no decir nada a quienes hacían a su antojo, lo mismo da. Si no son culpables, todos son cómplices del mismo resultado. 


Qué importantes son las formas. Es una pena que causas tan buenas y honestas se vean manchadas por sucesos como estos. En momento en que una persona empieza a gritar en una discusión para mí pierde por completo toda su credibilidad, porque cuando uno tiene razón, no hace falta perder las formas, ni rebajarse,  ni acudir al insulto gratuito. Simplemente porque no lo necesita y punto. Sin embargo, aún teniendo razón y llevando la verdad por delante, si no se sabe decir las cosas debidamente, lo único que se consigue es perder fuerza y legitimidad de cara a los demás. 

En fin, me da un poco igual que lo llamen escrache o como les de la gana, aunque personalmente empiezo a estar un poco harta de tanto eufemismo. Eso sí, cuidado con la forma en que defendemos a veces nuestros derechos y exigimos acciones o comportamientos de los demás, que ni siquiera nosotros practicamos. Consejos vendo que para mí no tengo. 







Miss Thatcher





lunes, 25 de marzo de 2013

Freedom

Me encanta el concepto de libertad que tienen algunos de nuestros compatriotas. Digo compatriotas porque sé que especialmente les molesta que les llamemos así. Pero yo lo siento mucho, a día de hoy siguen siendo españoles y así seguirá hasta que se demuestre lo contrario digan lo que digan. Hoy es de esos días en que me apetece escribir. Sin embargo, sería una completa ordinariez por mi parte dedicar una entrada al independentismo tal día como hoy, siendo Lunes Santo. Hoy quiero hablar de algo mucho más importante.

Resulta verdaderamente curiosa la forma en que algunos dicen defender la libertad. Esta misma mañana podíamos leer en varios periódicos nacionales cómo un juez de Lérida es acosado por defender el castellano. Por desgracia, no es extraño ver noticias como esta a diario. Es curioso cómo aquellos que exigen cada vez más libertad para actuar a su libre albedrío, cosa que por otro lado puede ser cuestionable según qué casos, son luego las personas más sectarias del mundo. Queda precioso abanderar la libertad y que se nos llene la boca  hablando de derechos y principios. Pero resulta que algunos liberales están demostrando ser las personas más cerradas de mente de todas. Unos piden libertad para decidir su pertenencia a España y luego no permiten que haya libertad para aprender en castellano en sus escuelas. Otros exigen ejercer su derecho a la huelga y sin embargo impiden a los demás trabajadores ocupar su puesto de trabajo. Y ya para rematar están los que quieren que haya una escuela pública de calidad y no quieren que se subvencione lo más mínimo a los colegios concertados. Pero vamos a ver, entonces, ¿en qué quedamos? ¿Queremos libertad o no? Lo digo porque parece que sólo sacamos a relucir la palabra libertad cuando nos interesa. Evidentemente estoy generalizando, más bien es cuando les interesa. A ellos, a todas aquellas personas sectarias, parciales, ideológicamente infectadas que no entienen lo que significa de verdad la palabra libertad. Eso o lo que es peor, lo entienden pero no les da la gana de aplicarlo por igual a los demás. La libertad es algo de todos. Es un derecho básico, es más, es El derecho de los derechos. Sin libertad pocas cosas podemos hacer. 



Parece que algunos se muestran muy exigentes cuando se habla de su propia libertad, pero a la hora de la verdad son los primeros en poner límites a la libertad de los demás. Menuda gracia la suya. Una de las mejores frases de Voltaire decía: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo". Ojalá muchos se dieran cuenta qué ésa es la clave de la auténtica libertad y si queremos ejercerla como debe ser, hay que aplicarse un poquito el cuento. Es como aquellos que defienden a capa y espada la libertad de expresión cuando quieren decir algo, y luego parece que les escuece que los demás digan algo un poco más alto porque resulta que les incomoda. Pues va a ser que no. La libertad no puede medirse, ni tampoco tiene que servir de excusa para discriminar a unos u otros según los propios intereses. Somos libres o no, todos a una. Pero eso sí, por favor sean coherentes con lo que piensan y den ejemplo. Lo que no se puede consentir es que muchos utilicen para sí un concepto de libertad enormemente amplio y al mismo tiempo sean precisamente quienes más abogan por coartar al resto el ejercicio de la suya. 



Miss Thatcher