miércoles, 27 de marzo de 2013

Escrache

Qué importantes son las formas a la hora de expresarse. Puede parecer algo injusto, pero ya puede ser estupendo lo que estás diciendo, que si pierdes las formas a la hora de decirlo no tienes nada que hacer. Eso mismo le está ocurriendo estos días a la señora Ada Colau y a todos los seguidores de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Lo que en un principio parecía una causa de lo más loable y justificada, ha pasado a convertirse en un grupo extremista que se ha dedicado en los últimos días a acosar vilmente a políticos a las puertas de sus respectivas casas. No pienso entrar a valorar la mayor o menor culpa que pueden tener estas personas en el problema de los desahucios, al menos no por el momento. Lo que sí me gustaría comentar es lo que apuntaba al principio, cómo todo el trabajo que la PAH está haciendo en pro de las miles de familias que se han quedado en la calle, se está viendo completamente desvirtuado dados los últimos acontecimientos. No es de recibo, y en ningún caso puede ser justificable, que se presione a nadie a las puertas de su propia casa y se le coaccione para que vote o deje de votar una cosa u otra. Así no son las cosas. Primero porque nadie tiene derecho a vulnerar la vida privada de nadie, ni siquiera a costa de una buena causa; y segundo porque tampoco podemos exigir a nuestros políticos conductas encomiables mientras les gritamos e insultamos a pie de calle. Es una completa contradicción y lo único que se consigue con este tipo de acciones ciudadanas es perder toda razón y credibilidad. Sin embargo es curioso cómo cada vez más gente piensa que por  gritar más, van a tener más razón y no se dan cuenta que es todo lo contrario.

La PAH presume de haber reunido más de un millón y medio de firmas para poner en marcha la Iniciativa Legislativa Popular que regule y legisle de nuevo el sistema de los desahucios, que tantos dramas está ocasionando en plena crisis. Pero me gustaría saber cuántas de esas personas que firmaron, probablemente con su mejor intención semejante manifiesto, respaldarían las últimas actuaciones de esta plataforma. No sólo está perdiendo fuerza la bondad de su mensaje, sino que además están jugando con las firmas de toda esa gente que, desde luego, dudo mucho que comulguen con ello. Sinceramente, creo que se les está yendo de las manos. Además de esto, cabe reflexionar hasta qué punto se trata de una plataforma independiente, apartada de cualquier tinte político, cuyo único fin no es otro que el de ayudar a la población que peor lo está pasando con el drama actual. El sistema hipotecario no es algo que venga de ahora, ni siquiera el problema de los desahucios, ya en la anterior legislatura socialista del señor Rodríguez Zapatero se producían cotas de desahucios incluso más elevadas que las de ahora. Mira tú por dónde, nadie va a reclamar nada a los anteriores responsables. Lo mejor de todo es que pretenderán que nos creamos que no tiene nada que ver con ideologías o posturas políticas. Lo siento, pero se les ve el plumero, no cuela. Evidentemente es injustificable cualquier tipo de acoso, coacción, amenaza o amedrantamiento, más si cabe en la esfera privada, ante cualquier persona, ya sea político o no, pero puestos a tomarnos la justicia por nuestra mano, y ya que quieren ejercer presión y según ellos, incomodar a los culpables de la situación que padecemos, que vayan a por todos. Seamos justos, aquí todos son culpables en mayor o en menor medida. Primero porque todos han contribuído a llegar al punto crítico en el que nos encontramos. Bien por hacer o por no decir nada a quienes hacían a su antojo, lo mismo da. Si no son culpables, todos son cómplices del mismo resultado. 


Qué importantes son las formas. Es una pena que causas tan buenas y honestas se vean manchadas por sucesos como estos. En momento en que una persona empieza a gritar en una discusión para mí pierde por completo toda su credibilidad, porque cuando uno tiene razón, no hace falta perder las formas, ni rebajarse,  ni acudir al insulto gratuito. Simplemente porque no lo necesita y punto. Sin embargo, aún teniendo razón y llevando la verdad por delante, si no se sabe decir las cosas debidamente, lo único que se consigue es perder fuerza y legitimidad de cara a los demás. 

En fin, me da un poco igual que lo llamen escrache o como les de la gana, aunque personalmente empiezo a estar un poco harta de tanto eufemismo. Eso sí, cuidado con la forma en que defendemos a veces nuestros derechos y exigimos acciones o comportamientos de los demás, que ni siquiera nosotros practicamos. Consejos vendo que para mí no tengo. 







Miss Thatcher





lunes, 25 de marzo de 2013

Freedom

Me encanta el concepto de libertad que tienen algunos de nuestros compatriotas. Digo compatriotas porque sé que especialmente les molesta que les llamemos así. Pero yo lo siento mucho, a día de hoy siguen siendo españoles y así seguirá hasta que se demuestre lo contrario digan lo que digan. Hoy es de esos días en que me apetece escribir. Sin embargo, sería una completa ordinariez por mi parte dedicar una entrada al independentismo tal día como hoy, siendo Lunes Santo. Hoy quiero hablar de algo mucho más importante.

Resulta verdaderamente curiosa la forma en que algunos dicen defender la libertad. Esta misma mañana podíamos leer en varios periódicos nacionales cómo un juez de Lérida es acosado por defender el castellano. Por desgracia, no es extraño ver noticias como esta a diario. Es curioso cómo aquellos que exigen cada vez más libertad para actuar a su libre albedrío, cosa que por otro lado puede ser cuestionable según qué casos, son luego las personas más sectarias del mundo. Queda precioso abanderar la libertad y que se nos llene la boca  hablando de derechos y principios. Pero resulta que algunos liberales están demostrando ser las personas más cerradas de mente de todas. Unos piden libertad para decidir su pertenencia a España y luego no permiten que haya libertad para aprender en castellano en sus escuelas. Otros exigen ejercer su derecho a la huelga y sin embargo impiden a los demás trabajadores ocupar su puesto de trabajo. Y ya para rematar están los que quieren que haya una escuela pública de calidad y no quieren que se subvencione lo más mínimo a los colegios concertados. Pero vamos a ver, entonces, ¿en qué quedamos? ¿Queremos libertad o no? Lo digo porque parece que sólo sacamos a relucir la palabra libertad cuando nos interesa. Evidentemente estoy generalizando, más bien es cuando les interesa. A ellos, a todas aquellas personas sectarias, parciales, ideológicamente infectadas que no entienen lo que significa de verdad la palabra libertad. Eso o lo que es peor, lo entienden pero no les da la gana de aplicarlo por igual a los demás. La libertad es algo de todos. Es un derecho básico, es más, es El derecho de los derechos. Sin libertad pocas cosas podemos hacer. 



Parece que algunos se muestran muy exigentes cuando se habla de su propia libertad, pero a la hora de la verdad son los primeros en poner límites a la libertad de los demás. Menuda gracia la suya. Una de las mejores frases de Voltaire decía: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo". Ojalá muchos se dieran cuenta qué ésa es la clave de la auténtica libertad y si queremos ejercerla como debe ser, hay que aplicarse un poquito el cuento. Es como aquellos que defienden a capa y espada la libertad de expresión cuando quieren decir algo, y luego parece que les escuece que los demás digan algo un poco más alto porque resulta que les incomoda. Pues va a ser que no. La libertad no puede medirse, ni tampoco tiene que servir de excusa para discriminar a unos u otros según los propios intereses. Somos libres o no, todos a una. Pero eso sí, por favor sean coherentes con lo que piensan y den ejemplo. Lo que no se puede consentir es que muchos utilicen para sí un concepto de libertad enormemente amplio y al mismo tiempo sean precisamente quienes más abogan por coartar al resto el ejercicio de la suya. 



Miss Thatcher










martes, 12 de marzo de 2013

Sede Vacante

El mundo entero presta especial atención a lo que ocurre hoy en el Vaticano. A estas horas, los cardenales papables están reunidos en el Cónclave que elegirá a nuestro futuro Papa. Cómo no, hoy no se habla de otra cosa en las tertulias matutinas, y ya saltan algunos diciendo que la Iglesia necesita urgentemente reformarse y cambiar de actitud en algunos asuntos espinosos. Me sorprende la facilidad con que algunos contertulios y periodistas hablan de ello, como si fuera algo fácil y comprensible de hacer. Es lógico que la Iglesia deba adaptarse a los nuevos tiempos, igual que es lógico que se pida un mayor acercamiento a los jóvenes y al auténtico sentido del Evangelio pero, dicho esto, ¿hasta qué punto debe la Iglesia ceder a las exigencias de un nuevo mundo cada vez más perturbado y corrupto? Es indiscutible que debemos avanzar, como es normal, si no queremos quedarnos anticuados y alejarnos de la realidad mundana que nos rodea; pero en mi humilde opinión, hay límites que no se pueden superar. Si dejamos que la Iglesia se deje llevar por todo aquello que acontece en el mundo con el paso del tiempo, probablemente llegue un momento en que ésta llegue a ser totalmente irreconocible. No podemos pasar por alto algunas de las tradiciones que, a mi modo de ver, si dejaran de existir transformarían la Iglesia Católica en otra cosa diferente a la que es y por la que fue fundada. 

La Iglesia debe modernizarse, eso por descontado, pero mucho cuidado; no vaya a ser que de tanto hacerlo nos pasemos de listos. Creo que es perfectamente compatible una buena reforma que ayude a acercar más la Iglesia a las personas, que a fin de cuentas es para lo que está, sin por ello renunciar a aquellas cualidades que forman parte de su propia esencia. Hay cosas que no se pueden cambiar porque son el núcleo duro de nuestra fe y lamentándolo mucho, siento tener que decir que al que no le guste tendrá que aguantarse. Es imposible contentar a todo el mundo. No renunciemos entonces a nuestros sellos de identidad como católicos que somos si después de todo, siempre habrá gente que nos critique. 


La Iglesia no debe estancarse, entre otras cosas porque no se lo puede permitir, pero no me cabe duda alguna de que será capaz de hacer frente a todo lo que se proponga sin perder por ello su espíritu. 

De momento la sede sigue vacante, ahora sólo nos toca esperar. 


Miss Thatcher

viernes, 8 de marzo de 2013

Lo llaman democracia

La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Dicen que la democracia es el mejor de los sistemas de gobierno existentes hoy en día. Dicen que quienes vivimos en países democráticos tenemos suerte de poder llamarnos demócratas y debemos enorgullecernos de ello. También dicen por ahí, que solo en un ambiente democrático como tal, pueden desarrollarse ámbitos tan importantes para el hombre como la libertad y la justicia. Dicen que el nuestro es un país democrático porque cada cuatro años los españoles podemos ejercer nuestro derecho a votar. Y ya está. Parece ser que eso es todo. ¿Es esta la democracia tan maravillosa que me explicaron a mí hace no mucho tiempo? La democracia es el gobierno del pueblo, esto quiere decir, ni más ni menos, que somos nosotros los que debemos tomar las riendas del asunto. Que alguien de aquí me diga por favor, en qué momento han dejado de estar esas riendas en manos de todos los ciudadanos, que alguien me explique bien clarito qué ha sido de ese maravilloso sistema que ofrecía al pueblo la oportunidad de autogobernarse. No negaré que el sistema tiene sus ventajas, es cierto, nosotros podemos elegir a nuestros representantes periódicamente pero ¿y eso qué más da? Digo qué más da, porque la triste realidad es que los políticos a quienes votamos, esos que prometen el oro y el moro con tal de ganar un miserable puñado de votos a costa de gente ignorante, esos a quienes en muchos casos les importa más su propio interés que el de las personas a quienes se supone representan, pulsan el botón de su butaca en el Congreso o el Senado en base a las directrices establecidas por su propio partido. Es lo que tiene padecer el sistema de listas cerradas, que los políticos maniatados a aquellos que escriben las listas electorales, son capaces de hacer cualquier cosa con tal de perpetuarse en la silla de parlamentario. Oigan, que una renta vitalicia no es poca cosa señores, pobrecillos, también hay que entenderles... Cierto es que en parte la culpa no es enteramente suya sino del propio sistema democrático que respalda esta magnífica partitocracia que tan estupendamente se ha asentado en nuestro país. Digo solo en parte, porque también es verdad que entre todos ellos contribuyen a la continuidad del mismo sistema que se repite una y otra vez cual círculo vicioso, como si fuera realmente imposible salir de él.  Pero claro, qué se supone que van a hacer aquellos a quienes más beneficia semejante situación.

Qué quieren que les diga, esto puede llamarse cualquier cosa menos democracia. Lo que más me duele de todo, es que encima nos intenten engañar, que jueguen con las buenas intenciones de gente honrada y decente que piensa que puede cambiar la situación, que todavía queda algo por hacer, que no todo está perdido. No quiero mostrarme excesivamente pesimista pero es que la situación es realmente bochornosa. Winston Churchill dijo una vez que "la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás", creo que no podría estar más de acuerdo con él. Hemos podido ver cómo desde sus orígenes, la democracia ha dejado patente cuáles son sus claras imperfecciones, qué cosas son las que nosotros los ciudadanos, demócratas hasta la médula y de la mano de nuestros políticos, debemos pulir dentro de nuestro sistema. 

Una gran democracia debe progresar, de lo contrario dejará de ser grande o democracia. Es precisamente en este punto de inflexión en el que ahora nos encontramos. Cabe plantearse pues, que los problemas de democracia sólo pueden salvarse con más democracia. Hagamos pues, democracia de verdad. Lo que no podemos consentir es que nuestros dirigentes políticos traten de justificar día sí y día también sus promesas electorales incumplidas. Eso no es democracia y nunca podrá llamarse así. Eso solo es sinvergonzonería y engañar a la gente sin pudor de ningún tipo. No señores no, que no nos engañen, porque eso no es democracia. Eso es saltarse las reglas del juego y está feo. Al igual que hacerle creer a la gente que vota libremente cuando no es así. De ninguna forma puede serlo cuando sabes que de no votar a uno de los dos bloques políticos dominantes, tu voto puede acabar en la basura. Tampoco lo es cuando los medios de comunicación quedan a merced de los partidos vendiéndose al mejor postor. 

Esto no es democracia ni mucho menos, esto solo puede llamarse mediocridad. Un burdo intento democrático fallido, a la vista está que insuficiente y en plena agonía; que clama por un cambio radical. Listas electorales abiertas, transparencia en la financiación de partidos políticos y primarias para la elección de sus candidatos son sólo algunos de los primeros pasos que podemos dar. Los problemas de democracia sólo pueden salvarse con más democracia. ¿Les parece que lo comprobemos?




Miss Thatcher






jueves, 7 de marzo de 2013

Volvámonos locos

Una vez leí la siguiente frase de Enrique Heine:

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca."

Qué quieren que les diga, con la que está cayendo, considero que en estos momentos lo más sensato es estar loco. Sí, no me he confundido, eso es justo lo que quería decir.

Vivimos en un mundo en el que se están perdiendo los valores, donde la crisis económica se ha llevado por delante la esperanza de millones de personas, donde la honradez parece estar cada día más ausente y donde parece que queremos olvidarnos de cuales son nuestros orígenes y renunciar a las tradiciones que, mal que a muchos les pese, forman parte de nuestra Historia e identidad.

¿Saben qué les digo? Que prefiero estar loca. Nadar a contracorriente nunca fue tarea fácil, y menos cuando hay gente que se niega a ver nunca la luz al final del túnel. La realidad es que todo depende de cómo nos tomemos las cosas. Son tiempos difíciles, está claro; pero tampoco conseguimos nada si nos dejamos arrastrar por todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Seamos sinceros, en estos momentos ser optimista es lo único realmente útil. Así que nada de caras largas.

Al mal tiempo, buena cara. ¡Volvámonos locos!



Miss Thatcher

Comienza la aventura

¿Que por qué decido abrir un blog a estas alturas de la película? Interesante pregunta. Me encantaría poder responderos pero ni yo misma sé bien la respuesta. Supongo que siento una necesidad imperiosa de plasmar en alguna parte todo aquello que se me pasa por la cabeza. Tranquilos, no pretendo aburrir a nadie ni contar mi vida a los cuatro vientos -probablemente sea demasiado orgullosa como para desvelar ciertos asuntos-.

Aquí hablaré de política, actualidad o lo que me venga en gana, siempre y cuando sea digno de mención.

Arrancamos en 3, 2, 1......




Miss Thatcher