Qué importantes son las formas a la hora de expresarse. Puede parecer algo injusto, pero ya puede ser estupendo lo que estás diciendo, que si pierdes las formas a la hora de decirlo no tienes nada que hacer. Eso mismo le está ocurriendo estos días a la señora Ada Colau y a todos los seguidores de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Lo que en un principio parecía una causa de lo más loable y justificada, ha pasado a convertirse en un grupo extremista que se ha dedicado en los últimos días a acosar vilmente a políticos a las puertas de sus respectivas casas. No pienso entrar a valorar la mayor o menor culpa que pueden tener estas personas en el problema de los desahucios, al menos no por el momento. Lo que sí me gustaría comentar es lo que apuntaba al principio, cómo todo el trabajo que la PAH está haciendo en pro de las miles de familias que se han quedado en la calle, se está viendo completamente desvirtuado dados los últimos acontecimientos. No es de recibo, y en ningún caso puede ser justificable, que se presione a nadie a las puertas de su propia casa y se le coaccione para que vote o deje de votar una cosa u otra. Así no son las cosas. Primero porque nadie tiene derecho a vulnerar la vida privada de nadie, ni siquiera a costa de una buena causa; y segundo porque tampoco podemos exigir a nuestros políticos conductas encomiables mientras les gritamos e insultamos a pie de calle. Es una completa contradicción y lo único que se consigue con este tipo de acciones ciudadanas es perder toda razón y credibilidad. Sin embargo es curioso cómo cada vez más gente piensa que por gritar más, van a tener más razón y no se dan cuenta que es todo lo contrario.
La PAH presume de haber reunido más de un millón y medio de firmas para poner en marcha la Iniciativa Legislativa Popular que regule y legisle de nuevo el sistema de los desahucios, que tantos dramas está ocasionando en plena crisis. Pero me gustaría saber cuántas de esas personas que firmaron, probablemente con su mejor intención semejante manifiesto, respaldarían las últimas actuaciones de esta plataforma. No sólo está perdiendo fuerza la bondad de su mensaje, sino que además están jugando con las firmas de toda esa gente que, desde luego, dudo mucho que comulguen con ello. Sinceramente, creo que se les está yendo de las manos. Además de esto, cabe reflexionar hasta qué punto se trata de una plataforma independiente, apartada de cualquier tinte político, cuyo único fin no es otro que el de ayudar a la población que peor lo está pasando con el drama actual. El sistema hipotecario no es algo que venga de ahora, ni siquiera el problema de los desahucios, ya en la anterior legislatura socialista del señor Rodríguez Zapatero se producían cotas de desahucios incluso más elevadas que las de ahora. Mira tú por dónde, nadie va a reclamar nada a los anteriores responsables. Lo mejor de todo es que pretenderán que nos creamos que no tiene nada que ver con ideologías o posturas políticas. Lo siento, pero se les ve el plumero, no cuela. Evidentemente es injustificable cualquier tipo de acoso, coacción, amenaza o amedrantamiento, más si cabe en la esfera privada, ante cualquier persona, ya sea político o no, pero puestos a tomarnos la justicia por nuestra mano, y ya que quieren ejercer presión y según ellos, incomodar a los culpables de la situación que padecemos, que vayan a por todos. Seamos justos, aquí todos son culpables en mayor o en menor medida. Primero porque todos han contribuído a llegar al punto crítico en el que nos encontramos. Bien por hacer o por no decir nada a quienes hacían a su antojo, lo mismo da. Si no son culpables, todos son cómplices del mismo resultado.
Qué importantes son las formas. Es una pena que causas tan buenas y honestas se vean manchadas por sucesos como estos. En momento en que una persona empieza a gritar en una discusión para mí pierde por completo toda su credibilidad, porque cuando uno tiene razón, no hace falta perder las formas, ni rebajarse, ni acudir al insulto gratuito. Simplemente porque no lo necesita y punto. Sin embargo, aún teniendo razón y llevando la verdad por delante, si no se sabe decir las cosas debidamente, lo único que se consigue es perder fuerza y legitimidad de cara a los demás.
En fin, me da un poco igual que lo llamen escrache o como les de la gana, aunque personalmente empiezo a estar un poco harta de tanto eufemismo. Eso sí, cuidado con la forma en que defendemos a veces nuestros derechos y exigimos acciones o comportamientos de los demás, que ni siquiera nosotros practicamos. Consejos vendo que para mí no tengo.
Miss Thatcher
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